Conoce las regulaciones de Basilea: I, II y III

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Desde 1988, el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea emitió tres tratados. En estos se prevé a las instituciones financieras de los riesgos posibles. 

En el año de 1974 el sistema financiero se puso de cabeza gracias a la suma de diversos factores entre los que destacan el colapso de Bretton Woods en el 71, la caída del mercado de valores en el 73 y el choque del precio del petróleo en el 74.

Este panorama obligó a los países a encontrar una solución rápida ante las perturbaciones en el mercado. A esta, se le dio el nombre del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (CSBB). 

El CSBB se estableció por los gobernadores de los bancos centrales del G-10 en el 74 (Bélgica, Canadá, Francia, Italia, Japón, Países Bajos, Reino Unido, Estados Unidos, Alemania y Suecia).

El objetivo principal era coordinarse para intercambiar información financiera y garantizar que los bancos tuvieran capital suficiente. De esta manera, cumplirían con sus pasivos actuales y esperados; además de mejorar la comprensión en los temas clave de supervisión y mejorar la calidad bancaria en todo el mundo. 

Actualmente, estos mismos países siguen representando al Comité, además de otros dos que no son miembros del G-10: Luxemburgo y España, el cual se unió al comité en el 2001. 

Hoy en día, los miembros del comité provienen de 27 países diferentes, los cuales están representados por sus bancos centrales y reguladores financieros.  Entre estos países, figura México. Las reuniones del comité se llevan a cabo cuatro veces al año y normalmente se realizan en el Banco de Pagos Internacionales en Basilea, Suiza. 

Los tratados que ha emitido la Comisión hasta ahora son tres: Basilea I, Basilea II y Basilea III

Basilea I

El primer tratado del Comité se creó en 1988. En él, se establecía un mínimo de recursos propios del 8% a las entidades financieras para que los bancos no tuvieran ya más riesgos al extender créditos.

Basilea II

Posteriormente, en el 2004, se creó un Nuevo Acuerdo de Capital en el cual se detalló la necesidad de que un banco se preocupara por su solvencia y su disciplina en el mercado, por lo que se les recomendó ser completamente transparentes al informar sobre los riesgos de sus operaciones. Su objetivo era crear estándares y regulaciones sobre cuánto capital mínimo deben de tener los bancos. 

Este acuerdo cuenta con tres pilares: 

  1. Las empresas deben calcular el capital regulatorio mínimo para riesgo crediticio, de mercado y operativo. Aquí aún se mantiene el mínimo de un 8 por ciento de índice de capital total impuesto ya en Basilea I. 
  2. Los bancos deben llevar a cabo un Proceso de Evaluación de la Adecuación del Capital Interno (ICAAP por sus siglas en inglés) que analiza todos los riesgos a los que está expuesto cada banco. Asímismo, los bancos deben revelar información sobre su capital y su gestión de riesgos.
  3. Los Bancos deberán cumplir con un conjunto de requisitos de divulgación que tienen el objetivo de mejorar la capacidad de los participantes en evaluar su gestión de riesgos y las estructuras de capital. Esta transparencia es para incentivar a los bancos y a las instituciones financieras para crear marcos de gestión de riesgos sólidos.

Basilea III

Se publicó en el 2010 y en ella se reforzó la supervisión y el control de riesgo sistemático por medio de la preservación de reservas tanto para las recesiones como para las expansiones económicas. Esta regulación se formó como resultado de la crisis financiera del 2007-2009.

Basilea III resalta la necesidad de que los bancos cuenten con un colchón de conservación del capital (formado por capital ordinario por valor del 2,5% de los activos ponderados por riesgo) con el objetivo de aumentarlo en momentos de crecimiento económico para poder hacer uso de él en caso de tener pérdidas. También se habla sobre un colchón anticíclico de capital de entre el 0% y el 2,5%, el cual habla sobre guardar capital en los casos de crecimiento excesivo del crédito para evitar la formación de “burbujas”.

La regulación también incluye el Coeficiente de Cobertura de Liquidez (LCR), el cual  exige que los bancos mantengan suficientes activos líquidos de alta calidad para resistir 30 días en un escenario de financiación bajo tensión especificado por los supervisores. 

Hasta ahora, el Comité no tiene formalmente una autoridad supervisora en el ámbito supranacional, por lo que sus directrices y normas no tienen fuerza legal; sin embargo son recomendaciones que los miembros llevan a la práctica en su ámbito nacional para así crear un balance financiero internacional. 

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Anteriormente descubrimos el origen, procedimientos de evaluación y diferencias competitivas de Las Calificadoras de Riesgo y entendimos que para las empresas, contar con una buena calificación es vital para poder encontrar nuevos inversionistas que quieran dar una parte de su capital al desarrollo de la organización. 

Ya con la información necesaria, las agencias realizan el análisis exhaustivo de los factores clave para la calificación, como lo son informes financieros, la información del sector privado y público  y el desempeño de la compañía durante periodos prolongados. 

Ahora sabemos que existen más de cien otras calificadoras a nivel internacional de las cuales, 118 están actualmente activas; de ellas, sólo nueve son aprobadas y reconocidas por la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos.

Así como abordamos en el primer capítulo las controversias con las agencias crediticias y vimos cómo su reputación es afectada por diversos factores y ahondamos entre otros factores que han sido continuamente criticados.

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Fuente: Bank for International Settlements,
Economipedia, BBVA

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